La educación de la mujer1

Cristina Farfán


Antiguamente la mujer estaba destinada a ser constante esclava. Más aun, se le tenía como un mueble y se la contrataba regateando su precio en los mercados públicos.

Su inteligencia no podía desarrollarse porque jamás se le hacían conocer las ventajas que traen consigo las ciencias y las artes.

Las letras eran un enigma para ella que le era imposible comprender, porque sus ojos estaban vendados con el oscuro velo de la ignorancia.

Ella, aun siendo madre, aun teniendo por su misma naturaleza sentimientos puros y generosos, ¿cómo hubiera podido siquiera expresar sus pensamientos para inculcarlos en los tiernos corazones de sus pequeños hijos? ¿Qué podría enseñarles? Nada.

Más tarde el cristianismo la hizo una compañera del hombre.

Entonces las puertas de la ciencia que habían permanecido cerradas para ella se abrieron y penetró en el grandioso templo de la ilustración.

Desde entonces no volvió a sentir las cadenas que la oprimían. Sus ojos se abrieron a la nueva y deseada luz que se presentó a su vista.

Su frente se ornó de inmarcesibles lauros y se le vio por todas partes rodeada de gloria.

La historia ha grabado con letras indelebles los nombres de muchas que han brillado en las ciencias y en las artes.

Admiramos con gusto los establecimientos de niñas que actualmente están abiertos en esta capital; multitud de ellas que, ávidas de ilustración, estudian [para] adquirir los conocimientos que sus afanosas directoras ponen a su alcance.

En estos últimos años han llamado nuestra atención todas las clases; pero con particularidad las de enseñanza secundaria, tales como las de idiomas, historia, geometría, filosofía y dibujo, que con bastante facilidad desempeñan las alumnas, demostrando en ellas el verdadero mérito de que están dotadas.

Mucho nos place ver a nuestra península de Yucatán levantarse en alas de la ilustración, y entrever de este modo el risueño porvenir de la juventud naciente, que será algún día la honra de la sociedad entera.

¡Cuán provechosa y necesaria es la educación de la mujer para el bien de la patria!

Porque la niña que hoy aprende más tarde será la madre de familia que, en medio de la tranquilidad del hogar doméstico, instruirá a sus hijos, los educará y les hará comprender sus deberes para con Dios, para con la sociedad en general y para con los hombres, enseñándoles el camino de la virtud y haciendo de este modo la felicidad de nuestra patria.

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1 La Siempreviva. Año II, núm. 27. Mérida. 19 de junio de 1871. p. 1. Transcripción y actualización: Haydeé Salmones.

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