Biografía de Camila Henríquez Ureña


Ensayista y docente dominico-cubana, Camila Henríquez Ureña nació en República Dominicana un nueve de abril de 1895. A diferencia de otras mujeres intelectuales de su época, nació dentro de una familia ligada al mundo cultural. Este hecho le permitió acceder a una educación privilegiada y conocer de primera mano los temas más actuales e importantes del mundo político, educacional y literario. Gracias a su quehacer cultural pudo hacerse de un lugar importante dentro del campo cultural.

Su madre, Salomé Ureña, ya era conocida como poeta desde los dieciocho años; tuvo un discurso crítico a favor de la educación femenina influenciada por las ideas de Eugenio María de Hostos, con quien trabajaría en búsqueda de educación integral. Salomé, junto a Hostos, fundaron las Escuelas Normales y ella asumió la dirección de la Escuela Normal de Maestras. Posteriormente, crearía el Instituto de Señoritas, al que Camila asistiría. A pesar de que la madre de Camila moriría prontamente, la conciencia feminista de la primera dejaría hondas huellas en su hija.

La mayor parte de su trabajo docente y ensayístico lo realizaría en Cuba, a donde llegó en 1904 y en el que pasaría la mayor parte de su vida. Aquí realiza sus estudios universitarios y doctorales, en la Universidad de la Habana. En 1917 viaja a Estados Unidos para especializarse en lenguas romances en la Universidad de Minnesota. A su regreso a Cuba trabaja en la Academia Herbert y tres años después a la Escuela Normal de Oriente, en donde impartió la cátedra de Lengua y Literatura Hispánicas. Por estas fechas participa en el Tercer Congreso Femenino, en 1938, en donde escribió algunos de sus ensayos más importantes. Posteriormente impartió clases en Vassar College hasta llegar a La Universidad de la Habana, donde permanecería hasta su muerte en 1973.

Pedro Henríquez Ureña escribe de ella a Alfonso Reyes en una carta: «Camila, que tiene más memoria que yo, y ya se sabe de memoria lo mejor de la poesía mexicana por habérmelo oído leer dos o tres veces a diversas gentes de letras. Habrás de saber que en Santo Domingo se asegura que ella es el mayor talento de la familia».

Su vida no estuvo falto de obstáculos, especialmente en el mundo intelectual. Su propio hermano Pedro, en un acto que recuerda a Sor Juana incomodada por el padre Núñez, le crítica su labor poética:

No te aconsejo que te dediques a los versos. No porque estén mal los tuyos, sino porque en español hay demasiados poetas y, de no ser uno de los mayores, el esfuerzo es poco lúcido. Eso mismo que dices de tus versos debes ponerlo en prosa: sé que resulta más difícil; en prosa los sentimientos parecen confesiones descarnadas y en verso hay una apariencia de ficción, que permite mayor franqueza, por lo mismo que el lector no la toma del todo en serio: muchos poetas fingen sentimiento que no tienen o exageran. Escribe, pues, lo que pienses y lo que sientas, sin ánimo de publicar: después podrías escoger lo que te parezca prudente publicar. Pero guárdalo todo. Y féchalo. Como una especie de diario; pero no diario íntimo, en conjunto, sino cuaderno de apuntes en que escribas constantemente.

Esto, además del hecho de estar consciente de estar educando para una Cuba postrevolucionaria y en la que sería necesaria una participación importante de la mujer educada, movieron sus letras.

Camila Henríquez Ureña

Referencias: